Harlequin, de HarperCollins France, ha decidido prescindir de la traducción humana. El resultado: ellos se ahorran un pico, bajan drásticamente la calidad de sus obras (que con toda probabilidad el cliente seguirá pagando al mismo precio) y hunden a un sector de por sí precarizado.
Si, desde abajo, como usuarios, no exigimos que cada libro, cada subtítulo, cada película por la que pagamos cumpla con unos estándares mínimos de calidad, este acto se convertirá en tendencia.
Si, desde arriba, las instituciones siguen mirando hacia otro lado y legislando en contra del consumidor y del artesano, nuestra tarea desde abajo será extenuante.
Dejar de consumir cualquier producto de empresas que desoyen al usuario y al trabajador es una cuestión de responsabilidad colectiva.

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