Las pruebas de traducción para el mercado editorial

Hace unas semanas participé en un centón de la revista Vasos Comunicantes y expliqué brevemente mi experiencia sobre las pruebas de traducción que las editoriales encargan a veces a los traductores para decidir si los contratan o no:

Yo tuve suerte. La primera editorial con la que trabajé de traductor no me hizo prueba. La segunda sí: el primer capítulo de un libro (siete páginas), aunque no me pareció excesivo (influyen el entusiasmo inicial y la cantidad de tiempo de que disponía); el libro que me encargaron fue otro. A la tercera llegué por recomendación de una colega de la asociación; tampoco me hicieron prueba. A la cuarta realmente la prueba se la entregué yo: una propuesta de traducción.

Y aquí estamos. Mi corta experiencia no es nada ilustrativa (aunque claro, ¿lo es la experiencia de nadie?). Cabe decir que me ahorré muchos disgustos por entrar en ACE Traductores de presocio y leer religiosamente la lista y por estar en contacto con otras colegas en Twitter desde la universidad. Nadie escarmienta en cabeza ajena, pero qué útil es saber a quién no dirigirte (y cuánta generosidad he encontrado aquí y allá desde el principio).

También hice una prueba de corrección, pero el editor en cuestión me marcó un plazo ajustado que yo cumplí y luego se comprometió en repetidas ocasiones a darme una respuesta y lo fue posponiendo durante semanas hasta que un buen día me llamó por teléfono para decirme que no después de que yo hubiera insistido muchísimo (dar la matraca es un arte). La seriedad no siempre es recíproca; llevo muy poquitos años en esto, pero qué rápido lo aprendí.

El resto de los testimonios se pueden leer en este enlace.

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